La poesía de Vallejo está cargada de sentimientos extremos. En la más profunda tristeza como en el más sublime sentimiento de amor, el poeta siempre recurre a Dios. En los dados eternos, recurre a Dios para reprocharle su dolor, su abandono. Vallejo se lamenta de ser para Dios un ser insignificante, minúsculo, en el que Dios no repara no siente lo que el poeta vive y siente. Vallejo muy jovencito todavía en Santiago de Chuco tenía una pareja, cuya relación concluyó. Ella se llamaba María. Cargado del dolor de la separación Vallejo escribió en los dados eternos recordando al final de aquellos versos que en su propia agonía y muerte tres Marías acompañaron a Cristo en el monte del Calvario, María la madre de Jesús, la hermana de su madre, María la de Cleofás y María la Magdalena:
Dios mío, estoy llorando el ser que vivo;
me pesa haber tomándote tu pan;
pero este pobre barro pensativo
no es costra fermentada en tu costado:
¡tú no tienes Marías que se van!
En otro momento de su poesía –y con seguridad de su propia vida- Vallejo siente que su amada ha sentido dolorosa su relación con él. Por eso enfatiza el sacrificio –desde luego de su amada- por su encuentro con él. Vallejo percibe que esa relación de su amada con él es dolorosa y, desde luego, fingida para ella. En esa relación, simbolizada por el “beso”, no existe el amor, existe el sacrificio puro y silencioso. Pero ella ha permanecido muda, callada, tal vez, resignada. El silencio junto al sacrifico se asemeja para Vallejo a la pasión y al sacrificio de Cristo.
/ Amada, en esta noche tú te has crucificado / entre los dos maderos curvados de mi beso; Pero, nuevamente, tenemos a Vallejo llorando por el dolor, por la pena de ella: / y tu pena me ha dicho que Jesús ha llorado, / y que hay un viernes santo más dulce que ese beso./
/ Amada, en esta noche tú te has crucificado / entre los dos maderos curvados de mi beso; Pero, nuevamente, tenemos a Vallejo llorando por el dolor, por la pena de ella: / y tu pena me ha dicho que Jesús ha llorado, / y que hay un viernes santo más dulce que ese beso./
En ese desgarrado reproche a sí mismo es el dolor el que expresa amor, que nos habla del amor de quien así lo acepta. Aquí se trata del amor como sacrificio. Y encontramos en esas mismas líneas poéticas de Vallejo al amor presente engendrando dolor, doblemente dolor. El dolor duplicado en el dolor de la amada y, desde luego, también en el dolor del amante.
Dios es el compañero permanente del poeta. Con Dios, Vallejo viaja y recorre todas las rutas. Dios está presente a su lado todo el tiempo. /Pero yo siento a Dios. Y hasta parece que él me dicta no sé qué buen color/
Su ausencia es la noche, la muerte. Sin Él Vallejo queda huérfano, se queda sólo: / Siento a Dios que camina / tan en mí, con la tarde y con el mar. / Con él nos vamos juntos. Anochece. / Con él anochecemos, Orfandad...
Vallejo encuentra a Dios profundamente humano, semejante a su criatura. Dios está cargado de bondad y de tristeza. Ellas expresan las marcas sobresalientes de las personas buenas. Así como el hombre, Dios está cargado de amor y de tristeza. Dios debe estar enamorado como Vallejo, como el hombre. El enamoramiento es en Vallejo un extraño tipo de fatalidad, de engaño. Está fatalmente cargado de falsedad y de dolor: Oh, Dios mío, recién a ti me llego / hoy que amo tanto en esta tarde; hoy / que en la falsa balanza de unos senos, / mido y lloro una frágil Creación.
El amor y el dolor son para Vallejo una pareja inseparable. En Dios, ellos, amor y dolor, están reunidos. Dios está enamorado, está envuelto en amor, por eso llora. Este dolor superlativo, pues es el dolor de Dios es suficiente para Vallejo, para su Fe: Yo te consagro Dios, porque amas tanto; / porque jamás sonríes; porque siempre / debe dolerte mucho el corazón.
Colofón: En Vallejo, pues, amor y dolor caminan juntos, se unimisman en Dios. Dios, personificado en Jesús, se transmuta por amor, en el Cristo. Y ese terrible dolor en el monte Calvario, también hace que Jesús clamando al padre, como en la poesía Vallejiana, diga: Padre ¿por qué me haz abandonado? Vallejo encuentra, pues, en los textos bíblicos y en la tradición evangélica del hogar la fuente de su inspiración y reflexión poética.


